Tan gris, tan seductor era el cielo ese día que la pequeña que se asomó por la ventana no podía quitarle los ojos de encima. Era como si algo atrapara su mirada y ésta se fuera consumiendo poco a poco entre las densas capas de nubes que se posaban sobre su casa, y sobre todo el barrio. Y tal vez mucho más allá, tal vez hasta el final de la ciudad, hasta los habitantes de la última casa en las afueras, junto a la carretera, se vieran a si mismos devorados por los tonos grises de esas nubes que normalmente viajan calmadas por el cielo y hoy, no parecían estar de muy buen humor.

Había un olor a humedad en el ambiente, tan intenso que llenaba los pulmones y hacía dificil respirar… Dentro de poco todo sería golpeado por un tornado. Con la fuerza de un látigo gigante la natiraleza azotaría esa casita de la esquina sin que nada ni nadie pudiera detenerla. Ojalá se salven todos, ojalá sea un espectáculo digno de admirar, pero sobre todo, ojalá no vaya a ser lo último que esos pequeños ojos azules que miran por la ventana puedan admirar.

Una hermosa fotografía de cómo cambia el clima antes de un tornado en Oregon. La composición de colores es hermosa y un poco siniestra. Enjoy!