I was following the packall
swallowed in their coats
with scarves of red tied ’round their throats
to keep their little headsfrom fallin’ in the snow
And I turned ’round and there you go
And, Michael, you would fall
and turn the white snow red
as strawberriesin the summertime…

Cualquier cosa que tenga que ver con la muerte es siempre dificil. Es dificil oir de ella (por eso cuando nos enteramos que alguien muere decimos “qué mal plan” y cambiamos de tema), es dificil aceptarla (sin importar qué tan cercano sea quien fallece), es dificil hablar de ella, transmitir lo que uno piensa al respecto… La muerte es algo tan dificil que preferimos hacer como que no pasa hasta que de cerca, de hecho pasa.

Hace unos días (algunos sabrán a qué me refiero) recibí una llamada, de esas que ni entiendes, y me dijeron que una amiga mia había muerto, sin más explicaciones del por qué (de cualquier manera sobran, es sólo por curiosidad, acaso morbo, que uno pregunta la razón), me dijeron dónde se llevaría a cabo el funeral y me pidieron le informara a quien yo creyera conveniente. Hice lo que me pidieron, la siempre dificil tarea de decir por el teléfono, después de que te saluden “Hola! Cómo estás?”, que el motivo de tu llamada es para darte la noticia de que “equis” murió… Después de eso uno nunca sabe qué más decir, vienen las mismas preguntas sobre el cómo, cuándo y por qué, que no pude contestar.
Ya vestidos de negro como debe de ser, llegamos al “evento”. Los funerales son siempre un lugar muy poco agradable, más aún, son raros. La atmósfera siempre es algo en dónde se mezclan de algún modo el dolor (el poco que aún se siente, por que lo terrible viene después), la incertidumbre (las caras de incredulidad se enfrentan con los rostros desencajados que confirman la noticia), el desagradable gusto de encontrarte con caras conocidas en tan incómodo lugar… El punto aún más álgido en todo esto es que, en el funeral del fin de semana pasado todos esperaban de hecho encontrarse pronto, pero en un muy diferente contexto. Mi amiga se casaría sólo siete semanas después… Sin comentarios!
Después de todo lo que implica un asunto como éste, lo qué más ruido me hizo en la cabeza fue el darme cuenta como es que hay veces que eres realmente importante para los demás y tú no eres muy consciente de ello. A veces, al menos a mi me pasa, no presto atención a la gente como debería, me dejo llevar por las miles de cosas que tengo que hacer cada día. Por las tonterías que me ocupan la cabeza siempre; el dinero, la clase, el super, el amor que no aparece, las malencaradas cajeras del banco y del metro… Así pues la muerte de mi amiga, el hecho de habe sido a mi a quien le llamaran para darle la noticia (y algunos otros sucesos que no he de mencionar) me dejó claro que más de una vez no pongo atención a las cosas que debería, sobre todo a la gente que debería.

Este post es por un lado una nota de adios para alguien que en mi opinión tenía la característica (como lo comentaba con otro amigo asistente al funeral) de conjuntar más de una cualidad, guapa, inteligente pero sobre todo, alegre, siempre estaba sonriente. Eso no lo logra cualquiera y por desgracia alguien que lo lograba se ha perdido. Por otro lado el post es mi reflexión sobre la frecuencia con que a la gente que quiero, de hecho se lo hago saber. No es que sea yo un amargado, es sólo que a veces pierdo el rumbo de las cosas.
Quien haya leido esto y de hecho sepa que lo quiero, no lo olvide por favor. Quien no lo sepa, mi intención es que se entere, ya encontraré el modo de hacerlo. Good night and farewell to her!